sábado, 31 de octubre de 2015

The Artist (El Artista)

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Cambio - Autoconocimiento

Francia (2011) Dir: Michel Hazanavicius Protag: Jean Dujardin, Bérénice Bejo





Recuerdo que siendo niño fui a ver King Kong (la de Dino De Laurentis). En esa época en los cines de barrio se daban dos películas. La que acompañaba al estreno (que se proyectaba antes) se llama "Los reyes de la risa". Era un collage de cortos mudos, en blanco y negro, de cómicos desconocidos por mi en ese momento (todo el el resto que no fueran Chaplin o El Gordo y el Flaco, para ser más preciso). Nunca escuché tantas carcajadas juntas. El efecto de esos gags básicos, golpes y tortas estrellándose en una cara, seguían produciendo el mismo efecto en el ámbito en que ejercieron su reinado, la sala de cine. Y hoy la recuerdo más que el estreno de ese día.

El cine mudo fue un arte fugaz. Apenas unas décadas para construir una identidad propia. Partiendo del documental, como fueron las primeras películas, o de la filmación de obras teatrales, como se generaron las ficciones primigenias, en pocos años experimentó y creó un lenguaje único. Y cuando se estaba consolidando es arrasado por la novedad parlante. La mezcla de una crisis económica como fue la de 1929 y el pase a retiro de artistas que no se adaptaron al cambio, más  oficios que dejaban de tener sentido, como los músicos que interpretaban mientras se proyectaba en la sala, fueron elementos que marcaron las postrimerías del género. El Artista se sitúa en este contexto, pero creo es interesante analizar a su personaje principal.



George Valentin (Jean Dujardin) es una mezcla de Valentino y Douglas Fairbanks. Es el artista amado y mimado por el público, que se encuentra en el cenit de su carrera. Y seguro de su éxito no acepta introducir ningún cambio. Quiere mantener su fórmula hasta  el infinito. Si bien tuvo las señales que le indicaron la necesidad de pasar a la nueva tecnología, él la desprecia. No puede entender que las multitudes que lo adoran puedan abandonarlo por un poco de ruido. Y se empecina en mantener su idea. Arriesga su fortuna en un proyecto mudo, seguramente de la máxima calidad, y es derrotado por una película sonora estrenada el mismo día que tiene en su elenco a una joven actriz, Peppy Miller (Bérénice Bejo) que Valentin ayudó a entrar en el medio y que se siente atraída por él. El análisis simple es pensar que Valentin se equivocó, no aceptó el cambio, no se montó en la nueva ola y sufrió un fracaso previsible que cualquier persona razonable podía prever.Pero creo puede existir otro punto de vista. Él se jugó por lo que creía. De hecho pone en juego todo lo que tenía porque se sentía seguro del camino tomado. Tal vez el subirse a una ola sin convicción sea un error más profundo. No medido en los resultados, sino en el sentir de seguir el ser interior, de jugarse por lo que se cree sin especular. Por ir detrás de un sueño.

Me parece bueno recordar a Chaplin. El se negó a ingresar al cine sonoro. Decía que su vagabundo iba a morir en el momento que hablara. Mantuvo sus creencias y además se burló del cine sonoro con la jerigonza, y genial, canción Titina en "Tiempos Modernos", usando palabras inventadas y de varios idiomas. Él sentía que no aportaba nada el sonido a su estilo de cine, y supongo estaba en lo cierto. Finalmente hizo cine sonoro, pero aun en estas películas las escenas geniales son las que sólo necesitan sus gestos y música para sus verdaderos actos de ballet cómico.



Por otra parte, podemos ver que Valentin busca en el éxito y los carteles de neón cubrir algo que falta en su interior. Su vida es del mismo material de los decorados. Vive en una casa donde su mayor relación es con el perro. Ignora a su esposa, que cada día lo detesta más. Son dos fantasmas que se ignoran habitando un mismo palacio dedicado a Valentin, con un cuadro gigante representando su figura radiante en la entrada. Y cuando todo desaparece, el éxito, su esposa y las muchedumbres que lo seguían no queda nada. Pues Valentin solamente era ego, nunca trató de construir más allá de las risas exageradas y las muecas para el proyector. Solo queda la oscuridad y el silencio de sus películas. Ni siquiera lo sigue su sombra, que lo desconoce.


Valentin comienza un "camino del héroe" en busca de su ser. Debe pasar por un largo desierto y llegar a bordear  su final. Finalmente puede llegar a permitirse dejarse  ayudar, saber disfrutar lo que hace, no por el resultado o el efecto en terceros, sino por la felicidad que genera en su ser. Aprende a compartir y no estar solo pendiente de su ego. Acepta lo que se le presenta. Vive.




Otra cosa maravillosa de la película es mostrar una historia que refleja el final de las películas mudas, de ser superadas por el cine sonoro. Y la película en sí es muda, en blanco y negro, con un formato antiguo y usando muchos del lenguaje y muecas del primer cine. Y ochenta años después de parecer superado este formato logra un éxito fabuloso con el mismo. Premios en distintos festivales, cinco Oscar (incluido mejor película). En una era digital, 3D y con colores cada día más similares a la realidad. Y a pesar de su antigüedad es reconocida. Tal vez Valentin y Chaplin no estaban tan equivocados.





                  


domingo, 18 de octubre de 2015

Thirteen Days (Trece Días)

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Decisiones - Liderazgo - Cambio

Estados Unidos (2000) Dir: Roger Donaldson Protag: Kevin Costner, Bruce Greenwood, Steven Culp

Este es un relato de la crisis de los misiles de octubre de 1962. Describe los 13 días de tensión vividas en la Casa Blanca desde la perspectiva de Kenny O´Donnell, Kevin Costner, asesor de JFK y amigo de éste y de su hermano Bobby. Lo crítico de la situación y el clima de estar jugando con algo que excede a los protagonistas son un buen material para reflexionar sobre cómo decidir y liderar en situaciones de crisis, de un cambio repentino de las leyes de juego. Y el estar contado desde la perspectiva de un segundo, alguien importante del equipo pero no el que toma las decisiones finales, le da otro ingrediente interesante.


Por un control, que podemos definir rutinario, detectan la existencia de instalaciones para lanzamiento de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Los mismos estarán operativos en unos días, por lo que la Casa Blanca debe decidir que posición tomar, la diplomática o la militar. Las primeras reuniones parecen señalar que la vía armada será imposible de evitar, sólo surgen distintos matices. Aquel que plantea algo diferente para agotar la vía diplomática, es ridiculizado y visto casi como un traidor a la patria. Pero ninguno de los presentes, militares y políticos, conocía las consecuencias de una escalada nuclear. Todos eran simples teóricos y defendían una postura políticamente correcta, a pesar que en su interior los pensamientos fueran por otros lados. 

Esta situación es bueno asociarla con lo que se conoce como la Paradoja de Abilene, de Jerry Harvey. 
La historia es la siguiente. 
En una calurosa tarde, una familia se encuentra jugando cartas en la terraza. El jefe de familia cree que deberían salir -no porque él quiera, sino porque cree que a los demás les gustaría- así que propone un viaje a Abilene. Su esposa, de inmediato, responde diciendo que es una gran idea. El suegro, a pesar de que sabe que el camino es largo, piensa que mostrar desacuerdo iría contra la tendencia del grupo y acepta ir al viaje. La suegra, dadas las circunstancias, responde de inmediato: "Por supuesto, no he ido a Abilene en mucho tiempo". En efecto, el viaje es largo y caluroso, y cuando llegan a Abilene, la comida es en extremo desagradable. Cuando regresan a casa, el esposo dice, de manera mentirosa: "Fue un buen viaje, ¿no?", y la suegra responde que en realidad no quería ir, pero que aceptó porque el resto del grupo estaba emocionado. Pronto, descubren que los cuatro habían aceptado hacer el viaje por la misma razón y, en realidad, todos fueron a un viaje al que ninguno quería ir.

Este es un buen ejemplo de cómo, por seguir ideas y corrientes que asumidos como predominantes de un grupo, cada individuo puede decidir en contra de lo que piensa. Y por necesidad de pertenencia o no quedar fuera de la manada, tomar caminos que hasta pueden ser nocivos para ese grupo que supuestamente se trata de agradar.

Vale la pena observar como se modifica el esquema de toma de decisiones en el transcurso de la película. Primero se arranca con reuniones pobladas de funcionarios, para pasar luego a un esquema de reuniones más puntuales y a la creación de un grupo especial para involucrar a los sectores relevantes y sin contar con el máximo decisor, JFK, para evitar hacerlo participar de discusiones de inicio, donde pueden mezclarse historias personales, elementos subjetivos y dogmáticos.  Y recién cuando se consiguieran consensos y se contara con algunas alternativas viables permitir su ingreso para que quien posee una mirada más general pueda dar su parecer evitándole el barro. Algunos líderes suponen que el estar en primera fila y en minuto cero es sinónimo de compromiso. El gen populista que todos portamos nos inclina a ello. Pero si el líder está allí, quién está ocupando la silla del líder?. Si el líder está manejando el timón, quién ocupa la cabina de mando?. También suele suceder que las sillas vacías son ocupadas por otros, los que saben ocuparlas.  

No me interesa hablar sobre el liderazgo de JFK O Bobby, hay mucho escrito y frases célebres que se pueden  comprar en cualquier tienda de regalos de NY impresas en una remera. Creo que es más interesante enfocarse en Kenny (Kevin Costner). Ver lo interesante de este segundo. Un amigo de ambos Kennedy, asesor y confidente. Puede hacer lo que sus amigos famosos tienen vedado: estar en el anonimato, mezclarse con el hombre de a pie, dar su opinión sin riesgo de aparecer en un titular de diario. Y conoce a sus amigos y puede significar un cable a tierra para estos. Él no siente que está ante próceres. Puede hacerles recordar sus inicios, lo que decían allí y lo que realmente son sus valores.  Que importante para un líder es contar con alguien que no le tenga respeto (en realidad tiene afecto que es más importante) y sepa que puede decir cualquier cosa porque no mide las consecuencias de decir la verdad. Porque le importa el líder, no lo que el líder pueda decir de él. No busca su aprobación o asegurar su cercanía. Lo trata de proteger, a veces de sí mismo.

Por último, hay una referencia sobre la lectura de un libro por parte de JFK, best seller de ese momento, que es Los cañones de Agosto de Bárbara Tuchman. Dicen que JFK quedó impresionado con el libro. El mismo relata como fueron los acontecimientos previos a la Primer Guerra Mundial. Los políticos y militares de esa época, basándose sólo en su experiencia y conflictos bélicos anteriores tomaron decisiones que fueron escalándose hasta hacer irreversible el conflicto. Unas vez dentro del mismo descubrieron que todos sus planes fueron realizados en base a premisas erróneas pues no tuvieron en cuenta los cambios tecnológicos, cuyos efectos y alcances no conocían en realidad. Se embarcaron en una matanza brutal sólo porque sus egos superaron a su ser. JFK sintió la cercanía con la situación que vivía y que podía empujarlos a la Tercera Guerra Mundial. Dicen que le pidió a todos sus hombres que leyeran el libro, para que tengan una reflexión sobre ello. No se si la historia fue real, no  se que incidencia pudo tener el libro en evitar la guerra. Pero que bueno si fue así.